Los resultados del estudio no son ninguna novedad, pero sirven para abonar la interminable discusión sobre si son los medios de comunicación los que manejan la agenda informativa de la ciudadanía, o, por el contrario, es el gusto de los televidentes el que impone las reglas de juego para que los noticieros propalen “eso que tanto le gusta al público”.
Me refiero al reciente Estudio de programas de noticias difundidos en televisión de señal abierta a nivel nacional, elaborado por el Consejo Consultivo de Radio y Televisión (Concortv), sobre la base de un seguimiento y análisis a 28 noticieros de la televisión de señal abierta en Lima, Piura, Chiclayo, Cajamarca, Trujillo, Huancayo, Arequipa, Cusco e Iquitos.
A lo que vamos: las cifras de esta encuesta señalan que son los segmentos deportivos y policiales los que captan la mayor atención del televidente. Los deportes (en realidad sólo el fútbol; las otras disciplinas casi no existen) ocupan un 29,4% de la programación noticiosa, mientras que los hechos policiales un 15%.
Detrás se ubican temáticas como política (7,9%), problemática del ciudadano (7,1%), problemas sociales (5,5%) y tragedias y accidentes (5,4%).
En la cola encontramos relegados temas relacionados con derechos humanos, justicia, economía, salud, educación, medio ambiente, catástrofes naturales, religión y moral, ayuda social, arte y cultural, trabajo y otros; los cuales, en conjunto, son tratados por los noticieros sólo un 5%.
Dime estimado lector: ¿no es importante acaso conocer el estado de la atención hospitalaria y la seguridad social en el país; saber o reconfirmar si el sistema de justicia está mejorando o va de mal en peor; enterarse del estado de la economía mundial y doméstica para dilucidar la verdadera causa de la inflación galopante y el aumento de los precios de los alimentos; admirar las recientes manifestaciones artísticas que eduquen el alma de nuestros hijos? ¿Son interesantes, verdad?
Algunos especialistas sostienen que hoy la gente tiende a evadir determinados temas y prefiere aquellos que -siendo igual de irritantes y pesimistas- les evite un dolor de cabeza más por sus cotidianos problemas familiares y monetarias.
O tal vez sea que los intereses de los medios de comunicación -y quién sabe de particulares y/o gubernamentales- tengan la intención de manipular el cerebro de la gente para que ocupe su tiempo y hable sobre tópicos más “light” y descarte otros catalogados como “hard” o “chocantes”. Hoy, es posible que no sea rentable para algunas empresas de comunicación analizar con profundidad, objetividad e imparcialidad los intríngulis de la política gubernamental, para, de esa manera, “quedar bien” con el poder de turno y garantizar su supervivencia e ingresos publicitarios.
Hace poco leí una encuesta -no recuerdo la fuente- en la que un gran porcentaje de ciudadanos de a pie confesaba su hartazgo de ver y escuchar en la televisión puras noticias sobre sangre, violaciones, infidelidades, futbolistas borrachos y goleadas vergonzosas. Los encuestados esperaban que algún día los noticieros dijeran la verdad de lo que sucede en nuestro medio, hicieran análisis más concienzudos y, además, propalen noticias más gratificantes y educativas para sus hijos.
¿Entonces, qué sucede? ¿La gente prefiere, en verdad, ver sangre, muertes o puro fútbol, y oculta su morbo e indignación ante los encuestadores para parecer más culta y menos problemática? ¿O es que priman los intereses corporativos de los medios de comunicación para dictar las pautas sobre la realidad que debemos tener en la cabeza? Para pensarlo realmente.